El aspecto financiero es el gran impasse teórico que nos encontramos hoy.O defender el valor sagrado de la existencia humana y que terminó empatado a posiciones dogmáticas, que la conclusión de la discusión en lugar de promover o defender la calidad de vida y, aunque tal vez más preparados para reflexionar sobre cuestiones que requieren en los debates de hoy sobre Bioética espesar como la eutanasia, arriesgando el discurso de las empresas de salud.Y así nos encontramos una vez más atrapado en una manera dualista de pensar, al parecer, nos deja otra alternativa.Ahora, en mi opinión, la idea de que la vida es un don de Dios que debe quedar en no propicias para el debate de la eutanasia, la cuestión de la calidad de vida merece ser llamado aunque sólo sea para advertir a la apropiación que hace los intereses privados.En la actualidad, la muerte se convierte en una cuestión que debe evitarse. Inexorablemente, lo que representa el hombre que quiere al señor y gobernante de la naturaleza (esto también incluye a otros hombres), el mayor desafío.Haz que se ejecuta en la propia fragilidad, lo obliga a luchar con la finitud.En nuestros tiempos, la situación empeora. En una sociedad que fomenta la productividad y el beneficio, que predica la eficacia a cualquier precio, que promueve el espíritu de la competencia y la lógica de la exclusión, la muerte es vista como un fracaso.Inmerso en este ambiente cultural, es común que los profesionales de la salud, especialmente los médicos, el juez lo que para evitar la muerte a toda costa. Extraña a la vida, que se produzca, indica un fracaso. En este contexto, es comprensible que los médicos se ven tentados a abandonar a los moribundos, ya que escapa de la muerte de su ámbito de acción.Se entiende que también tratan de minimizar, ocultar que gracias a la tecnología.Se entiende por último, haciendo uso de un tratamiento inútil, considerando al paciente una oportunidad terapéutica, un reto e incluso un caso clínico rentables.
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